Ayuno Congregacional. Día 12

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No tiene sentido hablar de las faltas de alguien a no ser que tengamos la mala intención de buscar satisfacción personal, de sentirse mejor que alguien o presentarse como mejor que otra persona y eso no se justifica de ninguna manera.
Si alguien comete una falta, nuestro deber es ayudar a reaccionar al que la cometió y si se trata la falta con otra persona, es para solicitar su ayuda en convencer al que falló para que salga de su errores.
Una vez conseguido el arrepentimiento ya no tiene propósito hablar a otros de lo que ya fue perdonado y dejado en el pasado. Por ello debe ser cubierta, como si no hubiese pasado. Dios lo hace así con nosotros, con amor y paciencia.
Al contrario, divulgarla, muestra falta de amor y compasión, y arruina la relación de esa supuesta amistad.
Cuando experimentamos esta realidad podemos conocer quien es un verdadero amigo.

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